La mayoría de los planes tecnológicos de cien días los escribe gente que no va a tener que ejecutarlos, y por eso contienen diez prioridades. Cien días soportan tres.

La ventana es corta por razones que no tienen que ver con la ambición. La nueva dirección se está asentando, la organización está inquieta, los datos son peores de lo que nadie esperaba y las primeras cuatro semanas se van en pedir accesos y hacerse una idea de la realidad. Planifica para los setenta días que realmente tienes.

Qué entra en los primeros cien días

Uno: cerrar los hallazgos bloqueantes de la due diligence. No todos los hallazgos. El subconjunto en el que no hacer nada cuesta dinero de inmediato o impide que arranque el plan del año uno. Si la due diligence se hizo bien, esa lista ya existe y tiene cifras al lado; si no, las tres primeras semanas se van en recrearla, que es un argumento a favor de que la haga la misma persona.

Dos: fijar los datos con los que se va a gobernar el consejo. En el día cien debería haber una cifra acordada de lo que cuesta la tecnología, una visión acordada de lo que el equipo puede entregar en un trimestre, y una fecha de entrega fijada una sola vez y no movida. Suena administrativo. Es lo que más apalancamiento tiene de toda la ventana, porque cada conversación posterior entre el fondo y la compañía depende de si esas cifras son creíbles.

Tres: arrancar el cambio estructural de plazo más largo. Si durante la permanencia va a haber sustitución de ERP, migración a nube o consolidación de plataformas, empieza ahora, porque la restricción que manda es el reloj y el mes dieciocho es donde estos programas dejan de poder terminarse antes de la salida.

Ese es el plan. Tres cosas.

Qué no entra

Una estrategia tecnológica completa. Se escribirá con información incompleta y se reescribirá en el mes seis, y producirla consume la atención directiva que necesitan los tres puntos anteriores.

Una reorganización, salvo que la due diligence señalara el liderazgo como problema bloqueante. Reorganizar en el mes dos, antes de que nadie haya demostrado nada, elimina la información que necesitas para reorganizar bien en el mes ocho.

Una renovación de herramientas. Cambiar el sistema de tickets, el proveedor de nube o la cadena de desarrollo en los primeros cien días produce actividad visible y cero valor, y es una señal fiable de que nadie ha decidido qué importa de verdad.

Iniciativas nuevas de inteligencia artificial, en casi todos los casos. Hay excepciones donde existe una aplicación obvia y acotada y el dato ya está. Con más frecuencia, la IA en los primeros cien días es la forma de esquivar el hallazgo aburrido del informe de due diligence.

Por qué fracasan estos planes

Fracasan de cuatro maneras reconocibles.

El plan no está costeado, así que compite por un presupuesto que nunca se le asignó y pierde contra algo que sí lo tenía. Cada punto necesita una cifra y una fuente de financiación antes del día uno, no después del primer consejo.

La responsabilidad está en el fondo y no en la compañía. Un operating partner puede patrocinar un plan; no puede ejecutarlo. Si no hay una persona con nombre dentro del negocio cuyos próximos doce meses estén definidos por este plan, no va a ocurrir.

La línea base es incorrecta. El plan asume una capacidad de entrega que el equipo nunca ha demostrado, normalmente porque se usó el plan de producto del vendedor como prueba de rendimiento. Mide dos iteraciones antes de comprometer una fecha.

Y el plan no es visible. El consejo ve un color de estado en lugar de las dos o tres cifras que indican si algo se está moviendo. Elige las cifras el día uno —coste corriente, una métrica de entrega, una métrica de resultado— y reporta las mismas tres cada mes, incluidos los meses en que se ven mal.

Una forma que funciona

SemanasFoco
1–3Accesos, contrastar los hallazgos de la due diligence contra la realidad, nombrar al responsable interno
4–6Acordar la línea base de coste y la de entrega con el director financiero y el consejo
4–12Ejecutar las correcciones bloqueantes
6–14Movilizar el cambio estructural de plazo largo: caso de negocio, proveedor, equipo
12–14Primer informe al consejo sobre las tres cifras acordadas, y el plan del año uno

El plan del año uno es el resultado de los cien días, no su punto de partida. Esa inversión es lo que más fondos hacen mal: la ventana sirve para establecer qué es cierto y despejar lo que bloquea, de forma que el plan a doce meses escrito al final valga el papel en el que está.

La parte incómoda

A veces el resultado honesto de los primeros cien días es que la tecnología no puede sostener la tesis al precio pagado, y lo que tiene que cambiar es el plan y no la tecnología. Ese hallazgo vale mucho más en el mes tres que en el mes veinte, y el asesor dispuesto a decirlo en voz alta vale más que el que produce un cuadro de mando en verde durante dieciocho meses.